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Perfil del educador

 

1. El educador marista es una persona equilibrada, responsable, crítica, creativa, dinámica, constante, comprensiva y alegre. Está capacitada para trabajar en equipo y sabe armonizar fe, cultura y vida. Acepta la filosofía Marista, la asimila y transmite a través de la palabra y el ejemplo, se identifica con ella y con la institución a la cual representa.

 

2. El educador marista sigue el ejemplo de Jesús y de María, vive su vocación con espíritu de fe, trabaja profesionalmente con sentido apostólico, se compromete en el desarrollo integral del ser humano y revitaliza la comunicad educativa a la que pertenece con su aportación personal.

 

3. El educador marista acepta, vive y transmite los valores humanos y cristianos. Está comprometido en la transformación de la sociedad en la que vive mediante la promoción de la justicia y de la paz, y asimila los valores culturales del medio en el que se desenvuelve.

 

4. El educador marista se entusiasma con su vocación y la considera como una expresión de fidelidad a Dios y de servicio al Prójimo:

  • Ama a sus estudiantes porque "para educarlos bien hay que amarlos" (San Marcelino Champagnat)
  • Transmite, con su ejemplo y su palabra, el sentido de Dios y el valor de la persona, así como el amor y el respeto por todo lo que Dios ha creado.
  • Despierta, realza y promueve la fe en sus estudiantes y los conduce "a Jesús por medio de María" (SanMarcelino Champagnat).
  • Mantiene relaciones estrechas con sus estudiantes; mediante la "pedagogía de la presencia" trata de influir más en ellos con el ejemplo que con la palabra.
  • Dialoga y crea un clima de confianza y fraternidad; promueve la responsabilidad de cada uno, les enseña a pensar, a enjuiciar los acontecimientos de cada día y los mantiene abiertos a la realidad de un mundo en constante mutación.

5. El educador marista es una persona bien preparada, tanto religiosa como profesionalmente. Vive en proceso de continua renovación; adopta los medios, métodos y técnicas más acordes con las necesidades del momento, siguiendo en ello la tradición legada por Marcelino Champagnat.

 

6. El educador marista no busca el protagonismo como medio de exaltación personal, sino que a ejemplo de María en su relación con Jesús, se pone con humildad y sencillez al servicio de sus alumnos, para lograr en ellos un desarrollo integral.