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Domingo de Resurrección 2020

 

¡VIVE!

 

Motivación

 

Hoy, domingo de resurrección, nos reunimos para celebrar que Jesús, el Señor, ha resucitado. En esta mañana, con el Cirio pascual encendido que nos recuerda que Cristo está presente, dejemos que nuestras vidas se inunden de vitalidad, de la luz, alegría y paz que nos trae el Resucitado. Él, que ilumina nuestra vida, nos invita a ser «profetas» del Dios de la vida.

 

El Señor vuelve a pasar, sin ruido, y nos levanta, nos comunica su fuerza y nos hace partícipes de su triunfo. Comienza una realidad nueva: Si Jesucristo resucita, nosotros resucitamos con él, porque el memorial se hace realidad hoy, «ahora» y en cada uno de nosotros. Somos revestidos de esperanzas nuevas, de vida nueva; y somos llamados a ser testigos de este acontecimiento.

 

Evangelio según san Juan 20, 1-15.

 

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

 

Palabra del Señor.

R/ Gloria y honor a ti, Señor Jesús.

Oración Final

 

Jesús, todos te creían muerto, te bajaron de la cruz, te lloraron en silencio, y apagaron la luz, tan tristes, cuánto sufrimiento. Pero pasaron tres días y retornó la alegría, habías resucitado, habías vuelto a la vida. Por eso la Pascua es alegre: Jesús a la muerte vence. Jesús, Tú que moriste por mí, ayúdame a vivir por Ti. Amén.